La poesía de un peatón

Ahora que estás dormida debías responderme. Tu respiración es tranquila y tienes el rostro desatado y los labios abiertos. Podrías decirlo todo sin aflicción, sin risas.

Lo que soñaste anoche, lo que quieres, está tan cerca de tus manos, tan imposible como tú corazón, tan difícil como apretar tu corazón.

¡Si uno pudiera decir algo, con sólo lo que encuentra, una piedra, un cigarro, una varita seca, un zapato!